Durante un lúgubre 2020, hemos visto florecer un tema tan machacado y antiguo como es una “pandemia/peste”. Sófocles ya describía estos conceptos en las primeras líneas de su obra “Edipo Rey”, y que asombrosamente sigue teniendo equivalencia moral hoy en día. Volviendo al tema central, mucho se ha hablado de lo que es para la sociedad contemporánea un enemigo invisible; y que ha hecho caer hasta al más fuerte coloso. Dicha fuerza no fue inadvertida por los gobernantes, quienes por el afán de conseguir riquezas y/o poder (comúnmente lo que denominamos “corrupción”) han aprovechado la agraviada situación para llevar a cabo macabros proyectos con extrema facilidad.
Cada día que pasa, se hace más y más evidente una rivalidad entre el pueblo y sus gobernantes: manifestaciones, “banderazos”, “acampes” e incluso actos vandálicos (como los grafitis) dan un claro testimonio de ello. El reciente cierre abrupto de la actividad deportiva nos da otro ejemplo del descontento popular. Circulan virtualmente diversos formularios de protesta ante las medidas gubernamentales, avaladas con el argumento “nos cuidamos entre todos”. En esto queremos hacer énfasis.
Como sociedad y nación, debemos proteger al compatriota. Debemos, yendo al grano, permanecer como unidad, debemos “cuidarnos entre todos”. Medidas como el uso de barbijo y el distanciamiento social son consideradas por el mundo médico como las más efectivas (obviando, por supuesto, las vacunas) y en su persistencia reside la empatía de proteger al prójimo. En Argentina, y como en casi todo el mundo, la COVID-19 ha provocado pánico; hasta el punto de agotar el stock de determinados productos en los supermercados. Este pánico nos mantuvo con la confianza de que estar confinados en nuestros hogares era la mejor medida, sin darnos cuenta temporariamente de que no podíamos recibir el derecho a una educación digna, por dar un ejemplo. Teníamos miedo de contagiarnos, y este miedo nos manipulaba.
Vivimos un año entero, o incluso más (de hecho, muchos lo seguimos haciendo), privados de cosas tan simples como dar un abrazo, o tomar mate con un amigo. Pero, a nivel gubernamental, la situación prosigue tan normal como si nada hubiese pasado. Sobre-emisión monetaria (el capital circulante se triplicó, para que nos demos una idea), un diputado haciendo asquerosidades en sesión vía zoom, y dirigentes políticos dándose calurosos abrazos y sacándose selfies en situaciones de aglomeramiento total. Sin duda alguna, es una hipocresía: uno se siente totalmente sometido a decisiones ajenas, no respetadas por los mismos que las imponen. Evidentemente, se despertó un sentimiento de justicia en el pueblo, el miedo que bloqueaba las puertas de las casas se fue desvaneciendo y las autoridades perdiendo control sobre la situación. Pero realmente estamos peor que antes?
Decía Alberto Fernández, señor Presidente de la Nación, en el discurso de inicio de sesiones ordinarias “salgan a la calle y recuérdenme que les estoy fallando”, para tiempo después, en el marco de un anuncio de nuevas medidas preventivas, aclarar “a mí la rebelión no, las leyes se cumplen”, haciendo clara referencia al hecho de que no iban a generar contento popular las medidas. Nuevamente, hipocresía y contradicción discursiva
Algo que tenemos que dejar bien en claro, es que desde hace ya más de 30 años afrontamos una gravísima crisis económica con picos inflacionarios muy altos. La salida de la convertibilidad en el 2001 es uno de los puntos más notables de esta línea, y aunque pueda parecer una mentira, hoy en día estamos mucho, mucho peor que en el 2001. Según la AFIP, 24.000 empresas tuvieron que cerrar sus puertas tan sólo en los últimos 5 y primeros 5 meses del 2019 y 2020 respectivamente.
Un último ítem al que queremos hacer referencia es a las redes sociales: ¿Cuántas noticias vemos a diario por Whatsapp, o en Facebook, Instagram o cualquier otra? Los dedos de la mano no nos alcanzan para contarlas. ¿Y todas son fidedignas? Evidentemente, no. De todos modos, esto es un tema muy conocido y hablado (las llamadas “fakenews”). Creemos firmemente que aún existen muchos misterios en otras facetas poco conocidas de los lugares donde nuestras fotos con amigos terminan parando.
“Las teorías conspiratorias que han permeado las redes sociales durante la pandemia van más allá de la idea de que las señales 5G sean las que transmitan el virus, o que el COVID-19 sea un engaño o que un billonario quiera implantarnos microchips” aclaran las Naciones Unidas, haciendo una explícita referencia a que más allá de los mitos populares hay oscuras atrocidades: “Grupos terroristas, extremistas, supremacistas blancos y hasta carteles mexicanos están utilizando las redes sociales para difundir su narrativa, aumentar la polarización mundial y la desconfianza los Gobiernos, y así reclutar más adeptos para infundir más terror y odio, y ganar territorio para sus actividades ilegales.” La UN también habla rigurosamente sobre un muy evidente odio racial y xenófobo gracias a la pandemia: “teorías conspirativas sobre el origen del COVID-19 que generalmente atribuyen a los gobiernos, determinadas etnias o religiones, supuestas redes secretas, compañías o empresarios, que, según ellos, tienen objetivos como la aniquilación de la población, el control mundial o enriquecerse mediante la venta de vacunas y tratamientos. En todos estos casos, los grupos afirman tener “el verdadero conocimiento” sobre el origen del COVID-19.” Algo muy similar ocurre con la reciente aparición de las vacunas, donde todos nos convertimos, por arte de magia, en “sabios” con respecto al origen de las ampollas. “A mí no me den la rusa que tiene microchips”, “la vacuna china me va a hacer socialista”, y diversas otras calumnias han sido escuchadas más de una vez. Por casualidad, ¿Esto no será también xenofobia?
Sin ir más lejos, a lo que queremos llegar con esto, es que la pandemia no solo afectó la salud, sino que marcó a muchos argentinos, y desenmascaró lo peor del gobierno actual y de la sociedad en sí, ya que por el pánico nos dejamos moldear y caímos en situaciones muy bajas, de incluso discriminar vacunas (que son parte de la solución) tan solo por su origen.
BIBLIOGRAFÍA:
https://news.un.org/es/story/2020/11/1484342
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