La deforestación arrasa los bosques y las selvas de la Tierra de forma masiva y causa un inmenso daño a la calidad de los suelos. Los bosques todavía cubren alrededor del 30 por ciento de las regiones del mundo, pero franjas del tamaño de Panamá se pierden cada año.
Los motivos son muchos, agricultores despejando hectáreas de terreno arbolado para alimentar a sus familias, operaciones madereras comerciales, leñadores que construyen carreteras para acceder a bosques cada vez más remotos, crecimiento urbano constante. No toda la deforestación es consecuencia de la intencionalidad. Alguna es causa de factores humanos y naturales como los incendios forestales y el pastoreo intensivo.
La deforestación tiene muchos efectos negativos para el medio ambiente como la pérdida del hábitat de millones de especies o el cambio climático. Los árboles también ayudan a perpetuar el ciclo hidrológico; sin árboles que desempeñen ese papel, muchas selvas y bosques podrán convertirse rápidamente en áridos desiertos de tierra yerma. La eliminación de la capa vegetal arrebata a los bosques y selvas de sus palios naturales, que bloquean los rayos solares durante el día y mantienen el calor durante la noche. Los árboles desempeñan un papel crucial en la absorción de gases que ocasionan el llamado “efecto invernadero”, responsable del calentamiento global. Tener menos bosques significa emitir más cantidad de gases de efecto invernadero a la atmósfera y una mayor velocidad y gravedad del cambio climático.
La solución más rápida a la deforestación es interrumpir la tala de árboles. Aunque el ritmo de deforestación se ha ralentizado un poco en los últimos años, las realidades financieras actuales hacen de esta solución una alternativa poco probable. La solución más viable sería gestionar los recursos vegetales cuidadosamente mediante la eliminación de los despejes agrícolas para asegurar que los entornos forestales permanezcan intactos. La tala que se realice debe hacerse de forma balanceada mediante la plantación de suficientes árboles jóvenes que sustituyan a los más viejos en todos los bosques y selvas. El número de nuevas plantaciones de árboles aumenta cada año, pero el total todavía equivale a una pequeñísima parte del área forestal del planeta.
En Argentina, la deforestación está impulsada por el avance no planificado de la frontera agropecuaria y el crecimiento urbano, lo que causa degradación de los ambientes naturales, desplazamiento y empobrecimiento de las comunidades indígenas y pérdida del patrimonio natural y cultural. Argentina está entre los 10 países que más desmontaron en las últimas tres décadas: perdimos cerca de 8 millones de hectáreas de bosques, el 80% de este se concentra en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Chaco y Formosa. Además, en estos últimos años,
han causado incendios descontrolados como el del Amazonas, Australia y de hace muy poco en la Patagonia.
Como conclusión, la deforestación es un problema con mucha importancia y poca solución, ya que el consumo actual es el mayor en la Historia. Un problema que si no se soluciona, causará la muerte de muchos y muchas especies.
Fuentes consultadas:
https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/deforestacion
https://elpais.com/planeta-futuro/2021-04-28/la-ultima-oportunidad-de-salvar-los-bosques.html
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